Los retos para Capriles y la Oposición

No es noticia que Maduro confronta enormes y simultáneos problemas que afectan notablemente a su incipiente gobierno. Crisis política de legitimidad, crisis económica y ahora –corroborado por uno de sus más connotados propagandistas–, una lucha interna que es a cuchillo y sin cuartel desarrollándose en cámara lenta.

Sin embargo, del lado opositor también hay algunas cosas que deben decirse y que constituyen retos muy importantes. En el campo de los sectores agrupados en torno a la MUD, hay muchos desafíos en lo inmediato y lo mediato.

En primer lugar, Capriles como el rostro visible de la alternativa política debe seguir anclado en su posición de confrontar, pero bajo el esquema de la lucha no violenta, cosa nada fácil ante el cúmulo de provocaciones que deberá enfrentar en las próximas semanas y meses.

En segundo lugar, el agotamiento de las vías institucionales internas lleva tiempo y eso puede desinflar las expectativas de sus seguidores, por lo que tendrá que conducir con mucho pulso y firmeza las próximas coyunturas y deberá ir preparando a la opinión pública para lo que serán sus próximos pasos en la esfera de lo internacional. El tiempo puede jugar en su contra y por lo tanto, es obligatorio que mantenga un esquema de movilización y de protesta que deberá transitar por el filo de la navaja.

Simultáneamente, Capriles deberá desarrollar un esquema que le permita seguir siendo una figura con presencia nacional y no permitirse el ser confinado a su rol actual de gobernador de Miranda, cargo en el que enfrentar á un asedio constante y permanente por parte del oficialismo. Ya tiene en desarrollo una gobernación paralela que controla Elías Jaua. Hay que verse en el espejo de Pablo Pérez y todo lo que hizo Arias Cárdenas como figura alterna en el Zulia.

Otro reto para él y los sectores políticos que lo respaldan será el de manejar acertadamente una probable y próxima coyuntural electoral: los comicios locales para escoger alcaldes y concejales, que bien podrían ser convocados próximamente por el CNE (aún cuando varios rectores del organismo ya tienen sus periodos vencidos), con el objetivo de “normalizar” la situación y colocar a la oposición ante un nuevo dilema: no participar por la duda que ha sembrado sobre la transparencia de los procesos electorales, o participar activamente para no regalar espacios, máxime cuando se podrían obtener buenos resultados en las principales capitales de Estado y en muchos municipios del país.

En el caso de una eventual convocatoria, deberá explicársele a los electores por qué y cómo participar y a la vez, asumir el liderazgo claro y personal de esas elecciones. Sin embargo, lo anterior no luce sencillo si se toma en consideración que si se participa en las mismas condiciones que abril, los argumentos de fraude que han sido presentados frente al mundo pudieran debilitarse. Eso también deberá explicarse muy bien en todos los escenarios para ser y lucir consistente.

A su vez, si esta coyuntura electoral se presenta en el muy corto plazo, esta muy claro para la oposición que deberá pagar unos “costos de participación” más altos, esto es, mayores desequilibrios en la competencia.

Finalmente, pero no por ello menos importante, la Oposición debe próximamente modificar (o refinar) su narrativa: pasar de la simple capitalización del marasmo chavista (que es obvio y no debe dejar de hacerse) a presentar elementos concretos de cómo se harían las cosas en la alternativa. Pero hay que ir más allá de las palabras, hay que definir y ejecutar una política de acompañamiento genuino y sistemático a los sectores sociales que hoy padecen enormes vicisitudes.

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