Radicalización, Organización y Resistencia

Publicado originalmente en www.runrun.es el 27 de octubre

En la mente del Alto Gobierno pareciera que el resultado electoral que arrojó la consulta electoral del pasado 26-S nunca hubiera ocurrido. El país plural que se votó hace semanas pretende ser ignorado. A juzgar por las últimas acciones desarrolladas en los 30 días siguientes a los comicios, la agenda de “radicalización” para “profundizar” y “acelerar” el advenimiento de un régimen comunista no se ha detenido un ápice. En realidad, este propósito está firme desde el 15 de agosto de 2007, fecha en la cual el Presidente Chávez hizo pública su propuesta de Reforma Constitucional y de manera más simple, su visión de cómo debe cambiarse nuestro sistema de vida: en lo económico, en lo social y en lo político. A pesar de los múltiples anuncios y frenos que la sociedad venezolana le ha impuesto por la vía de las urnas, el proyecto sigue avanzando.

En este mes, ya tenemos la mejor demostración de lo que acabo de afirmar: a) Un conjunto de expropiaciones relevantes como las aplicadas a Agroisleña, Fertinitro, Venoco y la más reciente a Owens-Illinois (OI), acción ésta que se constituyó como la número 200. b) La designación de magistrados del TSJ con procedimientos más que cuestionables y c) los atropellos contra diputados electos que aún con inmunidad parlamentaria, siguen detenidos. Todas las anteriores son señales absolutamente nítidas. Además, Aristóbulo Istúriz insiste en su tesis de “desmontar” gobernaciones y alcaldías y aunque fue parcialmente “corregido” por el Vicepresidente Ejecutivo Elías Jaua, este último indicó claramente que alcaldías y gobernaciones sufrirán de una merma en sus ingresos por la “llegada” de las comunas. Para concluir esta oscura semblanza, es el propio Primer Mandatario quien indica –no sin cinismo– que anunciaba sólo la expropiación de OI la noche del lunes 25 de octubre “sólo por hoy”, porque la “lista es larga”. Es decir, la política se mantendrá y probablemente se intensificará.

Como ya lo he anunciado en este espacio, en todos los escenarios eso era lo más probable que ocurriera: el gobierno proseguiría su ruta. La diferencia relevante entre las diversas posibilidades de resultados electorales y composición parlamentaria se basaba fundamentalmente en la velocidad e intensidad de esas políticas y cambios promovidos desde el oficialismo. Frente a un resultado políticamente adverso como el del pasado septiembre, el Gobierno tenía dos opciones estratégicas: moderar su comportamiento y buscar la reconexión con las masas descontentas a través de una política agresiva como lo había hecho en el pasado, o por el contrario, radicalizar. En ambas opciones había una situación dilemática: moderar significaba perder apoyos duros, mientras radicalizar significaba seguir perdiendo apoyos blandos. En mi opinión, su mejor opción, o la “menos mala” era la primera, pero en todo caso las señales del entorno indican algo con claridad: El gobierno ya tomó su decisión y optó por jugar duro. Al menos por los próximos meses. La agresividad persistirá.

El objetivo primario está claro: instaurar otro sistema político y económico en Venezuela, de eso nadie tenga duda. Y eso lo digo porque aún hay algunos que no lo tienen claro. Sin embargo, los objetivos secundarios de las políticas oficiales son también muy relevantes: el gobierno al proceder a toda máquina atropellando a la empresa privada e intentando aplastar a los adversarios, pretende re-moralizar a sus propias filas para generar la sensación de haber logrado algunas “victorias políticas” tan necesarias, mientras que simultáneamente persigue desmoralizar a los contrarios y consecuentemente desmovilizarlos pues intenta sembrar el mensaje que al votar no se cambia nada y que haga lo que haga la oposición, ellos impondrán su voluntad. Eso ocurrió en 2008 con la retoma de la Reforma por otras vías, en el 2009 con el despojo efectuado a la Alcaldía Metropolitana y ahora en 2010 con esta serie de hechos que he relatado supra. Lo cierto es que la Oposición necesita activarse de manera pronta e inteligente para no contribuir a que esa percepción pueda instalarse en las mentes de los ciudadanos. Si no hay un esfuerzo de contención, el votante promedio puede pensar: ¿para qué vale la pena luchar si esta gente sigue haciendo lo que quiere? Necesario es dar la pelea en diversos frentes.

Las fuerzas opositoras necesitan prontamente pasar de un cierto mutismo e inmovilismo en el que hoy parecieran estar en algunos tópicos, y asumir una ofensiva que permita al menos, comunicar la idea de que no importa cuántos intentos haga el Gobierno para imponer su modelo, siempre habrá una sociedad que se plantará firme ante esas intenciones. Aunque yo mismo he sido partidario de avanzar en la discusión de temas electorales con miras al 2012, esta agenda de “contención” es necesaria activarla paralelamente. De lo contrario, ese 2012 será políticamente inviable, al menos en las condiciones que hoy tenemos. El adversario intentará llegar a ese momento en la mejor forma posible a través de la profundización del ventajismo y la asimetría y eso hay que, al menos, tratar de impedirlo. Creo que el camino de resistencia y la organización es clave para estos días y meses que se avecinan. Un buen comienzo ejemplar podría ser en el plano laboral.

La Oposición por supuesto que debe mantener todas las acciones en su frente parlamentario, organizando a quienes serán la voz de más de 5 millones de personas desde este momento y en particular desde el próximo 5 de enero del año entrante, pero paralelamente, debe estar pensando en por ejemplo, el cómo abordar y optimizar la organización de los miles de trabajadores de empresas expropiadas. Es una masa social que activada y en plena defensa de sus derechos constitucionales, constituyen un frente indispensable en esta difícil lucha.

Simultáneamente, hay que estar ya pensando y actuando en cómo organizar y respaldar a los miles y miles de trabajadores de empresas que saben que “ya están en la lista” y que “su día está próximo”. La creación de un frente laboral pudiera ser una plataforma para avanzar en esa materia, esto por supuesto bajo métodos de protesta pacíficos e inscritos en lo que dispone la ley. La Constitución misma provee las vías para efectuar esta operación.

Este es un solo ejemplo de las muchas cosas que hay que hacer y que podrían hacerse. La lista sólo puede aumentar con múltiples ideas que deben ser aportadas y escuchadas, pero sobre todo, llevadas a la práctica. Insisto. La Oposición necesita dar señales pronto de que intentará contener al gobierno, aunque sea en la calle.

Hay una oportunidad de oro para llevar a cabo esta política de defensa y resistencia: esa última alocución presidencial del lunes pasado en la que se mostraron todos los “logros” de la reciente gira presidencial por diversos países, también nos mostró a un Alto Gobierno que sabe adónde va, que sabe que debe radicalizar, pero que está sufriendo un proceso de desconexión con los problemas de la gente que llega a niveles patológicos. Esas oportunidades hay que capitalizarlas, no sólo desde la defensa, sino desde una ofensiva estratégica: con el planteamiento de una sociedad alternativa de la que todos podemos ser partes y protagonistas si decidimos de una vez por todas cambiar.

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