Encuestas, Primarias y Maquinarias
Publicado originalmente en www.runrun.es el 04, 07, 13 y 26 de abril
Todos los días a través de las redes sociales, los colegas twitteros o los amigos en el Facebook me hacen la misma pregunta. Una y otra vez sin descanso me formulan la interrogante: ¿Quién ganará las primarias? Con mucho tacto y prudencia suelo darles a todos la misma respuesta: “Aún falta mucho agua por correr debajo de este puente. Veremos qué tal”. La respuesta que doy quizás emociona a algunos y desilusiona a otros, pero desde el punto de vista profesional son demasiadas las incógnitas que hoy se ciernen sobre esta dinámica opositora, como para aventurar algún pronóstico temerario.
Por supuesto, el juego político se mueve bajo otros códigos y ya puede apreciarse con bastante regularidad como hay algunos que afirman que hay un candidato que comanda las opiniones, pues añaden interesadamente la coletilla “de manera determinante”. Otros promueven sondeos de opinión para comenzar a prefigurar las preferencias y el “estado de la carrera”. Mientras tanto, otros factores políticos dicen que “en el momento que elijan su candidato, todo cambiará. Finalmente otros, por su parte sentencian cáusticamente: “las primarias no se ganan con encuestas, sino con maquinarias”.
La verdad es que son más las cosas que no sabemos que las que sí conocemos. Permítame hacer un breve estudio de al menos tres de los factores que considero “determinantes” para poder ofrecer un mejor pronóstico sobre quién ganará. El primero de ellos tiene que ver con la celebración simultánea –o separada– de esos comicios primarios, el segundo está vinculado al impacto de las encuestas de opinión pública y finalmente, el más importante, está vinculado a algo que yo suelo denominar la “geografía electoral”. Esto es, las fortalezas y debilidades de los aspirantes a nivel territorial. Algunos de estos componentes irán despejándose más rápido. Otros los podremos apreciar nítidamente tan sólo el día después de la elección primaria.
Comencemos con el primero de ellos. ¿Cuáles son las implicaciones de una “mega-primaria” simultánea? ¿Cuáles son las implicaciones de separar las primarias presidenciales de las regionales y locales?
Factor #1: La simultaneidad (o no) de las primarias
Este es uno de los motivos más importantes por el cual no se conocen aún las reglas de las primarias. Ello sin considerar aspectos de naturaleza financiera y logística.
Existen dos debates clave en la MUD y ambos motivados por fuertes intereses políticos: la fecha de la consulta (sobre la cual hemos hablado bastante) y la celebración (o no) de una elección concurrente a nivel nacional, regional y local. Este último punto no es una tontería, porque abre la discusión sobre un punto clave: si alguien que ya está en ejercicio aspira a otro cargo, ¿qué se hace con su posición actual? La pregunta no es ninguna una tontería, porque hay alcaldes opositores en ejercicio que quieren aspirar a gobernaciones y por supuesto, usted ya sabe, hay gobernadores que aspiran a ser Presidente de la República.
¿La decisión será permitirles a estos aspirantes que compitan para uno sólo de los cargos? O por el contrario, ¿se le permitirá aspirar a ambos cargos? ¿Qué sucede con otros aspirantes que reclamarán legítimamente que también “tienen derecho a tener su oportunidad”?
Aún no lo sabemos.
Si las elecciones primarias son finalmente separadas, lo más lógico es que se hagan primero las de nivel nacional (al menos eso es lo que se maneja actualmente). ¿Pero que ocurriría por ejemplo si un gobernador en ejercicio aspira a ser el abanderado presidencial y pierde? ¿También pierde el chance de seguir como primera autoridad regional? No sin una agenda interesada, algunos responden: “No”. Otros, igualmente interesados, responden: “Sí”.
Aunque en este momento se conocen las intenciones –aunque no públicamente confesadas– de aspirar nacionalmente de mandatarios regionales como César Pérez Vivas de Táchira y Henrique Salas Feo de Carabobo, el posicionamiento de ambos quizás los termine obligando a quedarse en sus respectivas jurisdicciones. Eso es hoy, porque mañana podría ser otra la situación. El debate anterior aplica en este momento básicamente para dos aspirantes: Pablo Pérez del Zulia y Henrique Capriles Radonsky de Miranda.
Respetando los criterios y entendiendo la dinámica política, soy de los que pienso que un aspirante a la presidencia no puede mandar un mensaje como este: “aspiro a la presidencia y también a la gobernación”. En términos hípicos es como decir: “juego a ganador, pero también juego a placé”.
En mi opinión, esto es como decirle a los electores: “estoy aspirando a derrotar a Hugo Chávez, pero sólo por si acaso, quiero asegurar mi espacio de poder regional”. Este es un gran desincentivo electoral. Ya ha ocurrido antes. En 1998, se descubrió unos meses antes que el abanderado de Proyecto Venezuela, Henrique Salas Römer, encabezaba la lista al Senado. La lectura de tal hecho fue muy clara: “se sabe perdido y por eso quiere asegurar al menos una posición”.
Hoy, ocurre lo mismo. Es al mismo personaje de 1998 al que hay que derrotar. Pero esta vez ya en ejercicio, con más poder y con menos escrúpulos para hacer todo lo que tenga que hacer para permanecer allí.
Independientemente de lo que se termine decidiendo en materia de fechas y simultaneidad, la decisión personal de Pérez y Capriles debe enfrentar un último reto: ¿Lo arriesgo todo? No es una pregunta sencilla.
Además hay otro factor, que tiene que ver específicamente con la situación en el Zulia. Para nadie es un secreto que existen factores de Un Nuevo Tiempo que desean que Pablo Pérez aspire a la presidencia, para entonces poder despejar el camino y “hacerse” con la gobernación. Es un ajedrez político en el que todos hacen sus cálculos. Pérez está al tanto de esto y hace sus propios cálculos. No es algo fácil de responder.
Quizás una salida para él es efectuar una suerte de medición interna en el denominado “bloque socialdemócrata” que le garantice la candidatura de la alianza compuesta por su partido, Acción Democrática y Alianza Bravo Pueblo. Sin embargo, eso no le garantiza automáticamente que podrá derrotar a los otros aspirantes y lo más importante: ganarle a Hugo Chávez.
Esto último aplica para los dos personajes que hoy analizamos. Ambos saben que esa contienda será la más dura de su carrera política.
En todo caso creo que ya para este momento en el que escribo esto –vista las señales–, es muy probable que ambos ya hayan definido su decisión y finalmente aspirarán a ser el candidato de la oposición en primarias.
Lo que es totalmente seguro es que alguno de los dos no ganará. Otro escenario que no podemos descartar es que ambos pierdan la candidatura, pues otro aspirante finalmente se impuso al final. ¿Qué se hará con Zulia y Miranda?
Esta es la gran pregunta. No es una trivialidad. Ambas plazas son absolutamente estratégicas para el cambio político en 2012.
Ahora es el turno de considerar las siempre polémicas encuestas. ¿Qué papel jugarán en las primarias?
Factor #2: Las encuestas de opinión
¿Por qué los sondeos son un factor a considerar? Porque en esta elección estoy seguro que será notorio el debate público sobre el denominado “voto estratégico”. Esto es, cómo un elector decide utilizar mejor su voto y no perderlo. Esto se conoce coloquialmente como “voto útil” o “economía del voto”. Lo que muchos se preguntaran seguramente es si esa dinámica de encuestas podría jugar un rol determinante en la configuración de las preferencias electorales. ¿Se materializaría una “profecía autocumplida”?
Algunos piensan que en la medida en que se fije una “matriz” de que alguien está ganando en las encuestas, ello automáticamente hará que la mayoría de los electores lleguen a esta reflexión: ¿Para qué votar por el otro, si este ya va a ganar? Pero estos mismos personajes olvidan un pequeño detalle: los que no están en la cima de las preferencias intentarán decir que eso no es así y aún más importante: harán todo lo que esté a su alcance para que la intención de voto del electorado efectivamente cambie. Así es el juego electoral.
Habrá innumerables encuestas diciendo quién va comandando las primarias opositoras. Hasta ahora sólo hemos visto la punta del iceberg.
Yo puedo adelantarle que en muchos estudios serios se ha determinado –aunque el debate sigue estando abierto– que la publicación de sondeos de opinión en los medios de comunicación no tiene un impacto directo en la decisión del voto para cada elector. Esta literatura aduce que la cristalización de la decisión electoral se debe a muchos otros factores que operan simultáneamente y que lo podrían reflejar las encuestas es sólo tangencial. Además, siempre hay encuestas para todos los gustos y este hecho obliga al ciudadano automáticamente a sospechar de ellas. Es un acto de simple prudencia. Entremos a considerar de primero, este punto.
La guerra de encuestas
En toda campaña –y me temo que esta de primarias no será la excepción– ocurrirá lo que ocurre en todas las demás: todos los comandos de campaña se afanarán obsesivamente por decirle a los electores que su candidato está de primero. Que es el que va a ganar. Que es indetenible. Que ya todo está decidido.
Estoy seguro que incluso estos comandos dedicarán un presupuesto considerable para publicar estos sondeos en distintos tipos de medios que revelarán el “estado de la carrera” y la “matriz de opinión consolidada” que los ubica en el tope. El problema es que todos harán lo mismo.
Déjeme refrescarle la memoria con un caso que seguramente llamó su atención en las elecciones regionales de 2008. Aún incluso si usted no vive en Caracas escuchó al respecto por su trascendencia y repercusión mediática. Me refiero al Municipio Chacao.
Solo le pido por un momento que detalle minuciosamente estos avisos de prensa que a continuación les muestro…
Lo más interesante de lo que acaba de ver, es que los tres avisos se publicaron el mismo día, en el mismo diario, a 8 días de celebrarse las elecciones…
Ya usted sabe qué pasó electoralmente. Ya sabe quién ganó. Pero para los electores de ese municipio en ese momento, esta información lejos de ayudarle a tomar una mejor decisión, los confundía aún más. Esta “guerra de encuestas” siempre tiene el mismo final: todos terminan por no creer en ninguna y las empresas de investigación casi siempre terminan siendo las grandes perdedoras –paradójicamente– en la opinión pública.
Así que de cara a las primarias, probablemente vuelva a ocurrir lo mismo. Quizás la MUD reglamente esto y prohíba la divulgación de encuestas en avisos pagados en TV y prensa. Pero contener la información en la era de las redes sociales, es poco menos que imposible. Así que habrá encuestas para todos los gustos y creo que ello no será definitorio para que los electores tomen una decisión. Al final del día terminarán votando –al menos mayoritariamente– por el que más les guste, no por el que creen que va a ganar.
Una fotografía del presente
Hay que repetirlo. Hasta el cansancio. Las encuestas que usted está viendo hoy, probablemente dirán cosas muy distintas en los próximos tres, seis o nueve meses. No lo sabemos.
Dependerá de cómo se mueven las cosas, de cómo desarrollan sus campañas los aspirantes, de la cantidad de aciertos y desaciertos que cometa cada uno de ellos. De las alianzas. De imprevistos… Esto siempre se mueve. Hoy muchos analistas tienden a decir que hay un candidato que puntea “y por lejos” todas las preferencias de opinión. Varios de ellos interesadamente, otros simplemente ateniéndose a lo que ven en los sondeos. Quizás todos estén en lo cierto, pero sólo hoy. En la medida que aparezcan las aspirantes y desarrollen su movilización y comunicación, pudiera haber modificaciones relevantes. Precisamente para eso es que se hacen las campañas. Por lo tanto aún es muy temprano para hablar sobre tendencias.
¿Usted recuerda cuando Obama en 2008 ganó “sorpresivamente” en Iowa? A los pocos días después, no había ninguna encuesta que no dijera que haría lo mismo con su rival Hillary Clinton en las primarias de New Hampshire. Muchos de los sondeos inclusive le daban una ventaja de doble dígito. Lo cierto es que perdió esa contienda y aún se estudia qué fue lo que pasó.
¿Cómo olvidarlo? 2010: La Ola Verde de Mockus. Un tsunami electoral. Imparable. Fíjese qué terminó ocurriendo con esa candidatura y con la de Santos. Tanto en primera vuelta, como en segunda.
También están los casos contrarios: Venezuela 2006. Chávez ganó de “punta a punta”. Venezuela 1993. A pesar de la fragmentación electoral entre cuatro candidatos realmente competitivos como Velásquez, Álvarez Paz, Fermín y Caldera; los estudios más serios siempre dijeron que este último comandaba la carrera presidencial desde el comienzo.
Amigo lector, ahora es que falta película que ver.
La dificultad de predecir una elección primaria con sondeos
Este es un punto sobre el que pocos hoy están haciendo referencia. A mí me parece que es crucial. Venezuela no es un país en el que haya una tradición de primarias y por lo tanto, las estimaciones demoscópicas en torno a ellas tampoco la tienen. ¿Qué quiero decir con esto? Que hasta los momentos, las encuestas y encuestadoras venezolanas –con sus virtudes y defectos– aún deben avanzar en materia de pronóstico en comicios primarios. Haga un ejercicio de relectura de la prensa por las fechas de marzo y abril de 2010 y revise qué decían algunas encuestadoras en términos de participación de electores. Ninguna acertó. Y esa estimación es fundamental para saber quién podía ganar o no una primaria.
Haga otro ejercicio: revise la prensa y estudie con detalle los sondeos de afamadas encuestadoras que analizaron la participación electoral en Maracaibo del pasado diciembre. Me refiero a las primarias entre Eveling Trejo de Rosales de Un Nuevo Tiempo y Juan Pablo Guanipa de Primero Justicia. Las encuestas decían que habría un 70% de participación. Eso no ocurrió. También algunas decían que la competencia iba a ser reñida. Eso tampoco ocurrió.
Las encuestadoras tienen trabajo… y mucho. Estimar a los votantes probables será todo un desafío metodológico para ellas. ¿Deberán hacerse predicciones sólo entre votantes opositores? ¿Cuántos no alineados finalmente acudirán a la consulta? ¿Cómo votarán? ¿Cuán seguro es ese voto? ¿Algunos chavistas blandos se inclinarán a participar? Todas preguntas a responder durante los próximos meses
Lo cierto es que esto último nos lleva lógicamente a otro lugar: no solamente las encuestas le indicarán cuáles son las posibilidades reales de un candidato para imponerse como el abanderado presidencial de la Oposición. Volviendo al caso de la primaria del 5D en Maracaibo, ninguna encuesta “midió” cuál era el tamaño y capacidad de la maquinaria del partido azul y cuál la de los aurinegros. Eso fue realmente decisivo en lo que terminó a la postre ocurriendo en términos de resultados electorales. Este tipo de análisis es lo que lleva a algunos decir que “las primarias no se ganan con encuestas”. Algo de cierto hay en esas palabras.
Hay un último factor –muy importante– que no puede dejarse de considerar: ¿Cuáles son las fuerzas políticas partidistas que ayudarán a determinado candidato a movilizar a sus electores el día de la consulta electoral opositora?
Factor #3 Las Maquinarias
Mucho de los reacomodos que usted ve hoy dentro de la Oposición e inclusive, la propia fecha de la primaria presidencial, tienen que ver con esto. Es un secreto a voces.
Hay quienes, como Argelia Ríos, piensan que esta “jugada” de colocar esos comicios en febrero obedece al siguiente cálculo: para ese momento, la movilización electoral espontánea será menor y por ende, las maquinarias partidistas tendrán mayor peso en el resultado. Ríos sentencia y concuerdo con ella (parcialmente) que un “Candidato de Maquinarias, sería una derrota anticipada”.
Dije que mi acuerdo es solo parcial. Y lo digo porque hay que colocar algunas cosas en perspectiva. Acá como ocurre la mayor de las veces, las preguntas son casi siempre más interesantes: ¿Son los partidos unas entidades todopoderosas? ¿Hay una férrea disciplina partidista? ¿El “voto espontáneo” debe ser subestimado de ese modo? Y algo que en mi criterio que es supremamente importante: ¿Hay algún partido o agrupación de ellos que por su simple movilización puede imponerse al resto? Finalmente, pero no por ello menos interesante: ¿Cuál es la geografía electoral opositora? Discutamos todos estos puntos.
¿Cuál es la verdadera fuerza de los partidos?
En algunos casos es el factor más importante a considerar. Un ejemplo: cuando narraba lo ocurrido en Maracaibo el pasado 5D, me refería a unos estudios de opinión muy serios y realizados previamente a la contienda, en los que se apreciaba muchísima competitividad entre Eveling Trejo de Rosales y Juan Pablo Guanipa. En realidad ambos eran buenos candidatos. ¿La diferencia? Sus apoyos partidistas. El desenlace ya conocido por todos demostró que la maquinaria de Un Nuevo Tiempo fue determinante. Prácticamente todos los votos que la tolda azul necesitaba “llevar a las urnas” fueron efectivamente movilizados y Guanipa quedó muy maltrecho en los resultados finales. La estructura partidista de Primero Justicia no puede compararse a la de UNT.
Sin embargo, algunos creen que esto es algo que ocurre en todo el país y lamento informarles que no es así. Como profundizaré más adelante, en Maracaibo ocurrió eso, sí, pero en San Cristóbal podría haber ocurrido algo totalmente distinto, o en Barquisimeto, o en Barcelona… Elija usted el sitio y seguramente tendría una respuesta diferente.
Hay todavía quienes creen en la oposición que los partidos son todopoderosos. Parecieran estar anclados mentalmente en un tiempo pretérito, con el paradigma de lo que fueron otrora Acción Democrática y COPEI, organizaciones que movían a millones de personas. Usted sabe mejor que yo que estos partidos no son ni la sombra de lo que fueron ayer. Hay muy buenas razones para concluir lo anterior y sobre eso se ha escrito mucho, pero no pienso detenerme allí, pero este análisis también es extensivo a otras organizaciones tradicionales y emergentes en el actual sistema de partidos venezolano. El deslave ocurrido después de 1998 produjo una “tragedia partidista” que desdibujó mucho a estas organizaciones existentes y que les complica las cosas a las que han aparecido después. Es cierto y también hay que decirlo: desde hace unos años los partidos vienen progresivamente recuperándose, pero aún falta un largo camino por recorrer.
Sí. Probablemente sean los partidos los que hoy son los todopoderosos para tomar las decisiones políticas (afirmación también cuestionable) como cuándo serán las primarias y si se empleará o no una tarjeta única, pero electoralmente, la Oposición va más allá de los partidos y eso hay que entenderlo. Me explico.
Hay personas que se autodefinen como de “Oposición” pero la verdad es que no militan ni simpatizan con ninguna organización. Sí, seguramente estos electores terminen votando por algunos de ellos (probablemente el que menos les desagrade o el que les inspire algo de confianza), pero su ubicación en el espectro político no está “controlado” por lo que hagan o dejen de hacer ninguna de las agrupaciones de la oposición. Se lo pongo de otro modo: no necesariamente todos los opositores son de algún color en específico. No son ni azules, ni blancos, ni verdes, ni naranja, ni amarillos. Sencillamente quieren que Chávez salga del poder.
Hay una expresión numérica muy útil que sustenta mi afirmación anterior: me refiero al índice de “Articulación” que ha venido presentando la encuestadora Datanalisis desde hace algún tiempo. Es un cálculo que recoge las simpatías partidistas expresadas por los ciudadanos encuestados, dividida por la autodefinición política. Algo muy sencillo. Para febrero de este año un 24% de los venezolanos se autodefinieron como de “Oposición”, pero al momento de saber en cuál partido militan o simpatizan la respuesta es un árido: “ninguno”. El mismo sondeo lo revela con nitidez: Un 18% dijo que sí estaba alineado con partidos. Una perdida del 6%. Y créame que este número ha estado peor. Para Datanalisis, en consecuencia, el índice de articulación en la oposición es de 63%. En otras palabras, casi dos tercios de los opositores sí tienen que ver orgánica o afectivamente con partidos, pero el tercio restante no.
Por cierto, olvidé decir que el índice de articulación en el chavismo es de 100%. En otras palabras, todo aquel que se autodefine como chavista, milita o simpatiza en el PSUV.
¿Usted cree que este número es despreciable? Lo invito a hacer un ejercicio de simple y pura matemática.
Si tomamos como buenos los números de las encuestas, estamos estimando que del total de ciudadanos capacitados para votar, al menos un cuarto de ellos son opositores. Esto es, aproximadamente 4.375.000 electores. ¿Cuántos de ellos estarían “alineados”? Pues redondeando, alrededor de 2.750.000. La diferencia entre una cifra y otra es de 1.625.000 personas. ¿Cree usted que 1,6 millones de personas pueden definir una primaria? Si su respuesta es sí, siga leyendo. Si su respuesta fue no, seguramente usted está entre los 2,7 millones anteriores, pero igual lo invito a que siga leyendo.
¿Sorprendente? No, para nada. Esto es parte de la morfología opositora: hay ciudadanos que no siguen línea partidista, inclusive hasta pueden sentir desagrado por los dirigentes de esas organizaciones, pero van a concurrir a las urnas el día de las primarias. Probablemente sean ellos los que decidan quién será el candidato, no los militantes pues terminarán inclinando la balanza hacia algún lado. ¿Entonces? ¿Los partidos no sirven para nada? No. Simplemente lo que digo es que la aritmética electoral de algunos es muy elemental y no están tomando en cuenta factores como el que acabo de presentarle.
No faltarán quienes desacrediten a las encuestadoras o quienes digan que esos números puedan cambiar. Lo segundo es probable, pero dependerá de cuál organización entienda mejor que hay una oposición que está fuera de los partidos y que aunque vote por ellos, no tiene una disciplina férrea ni es un elector 100% alineado.
Hablando de eso último, en este análisis no consideré cuál será el comportamiento electoral de los llamados “no alineados”. De acuerdo a todos los sondeos que he visto, un porcentaje de ese segmento sí está dispuesto a votar en las primarias de la oposición. ¿Qué partido va a capitalizarlos? Esa es una pregunta que les dejo a quienes militan en alguna de estas organizaciones. Ese es parte de su trabajo: persuadir, organizar y movilizar. Solo les adelanto que este segmento se siente aún menos identificado con ellos y que los ve con mayor recelo. Así que el desafío es aún más grande.
Pero incluso, dentro de los mismos partidos, la tradicionalmente llamada “disciplina partidista” no es algo como lo que solía ser en el pasado. Inclusive al interior mismo de los partidos, los militantes de una organización podrían sufragar por un candidato de otra tolda o corriente política.
La disciplina partidista
Hay también quienes piensan que las lealtades partidistas en Venezuela siguen siendo tan sólidas como en los 70′s y 80′s. Las cosas han cambiado mucho desde la óptica de la cultura política y la militancia también ha sufrido sus mutaciones. Hoy, el sentimiento “adeco” o “copeyano” no es lo que fue. No en balde, uno se consigue con políticos que de ser adecos, terminaron por alguna razón –no soy quien para calificarlos– en una tolda como Primero Justicia. Hay mucho más pragmatismo que antes y esa es una realidad que aunque suene dura, hay que aceptarla.
¿Cuál es mi punto? Que no necesariamente por el hecho de militar en una organización, los líderes de esas toldas deben decir que tienen “tantos o cuantos” votos a favor de su candidato. Creo que es un error de cálculo. Al menos un error en la precisión. Las lealtades partidistas de hoy están mucho más afectadas por factores como por ejemplo, el regionalismo, el peso político de algunas figuras y su carisma. Me explico nuevamente.
Era difícil que alguien pensara que en los años 70 un militante de AD no votara por Carlos Andrés Pérez, pero hoy sí es factible decir que un militante de COPEI del Zulia podría decidir que su voto fuera a Pablo Pérez y no al gobernador Pérez Vivas. ¿La razón? Que hoy el peso de las gestiones de gobierno y el carisma personal importan más que en el pasado. No estoy diciendo con esto que todos los copeyanos del Zulia se comportarán de ese modo, lo que quiero decir es que puede “haber pérdidas”. En una elección donde la base es menor, estas pérdidas cuentan más. Quizás los casos del Zulia y Táchira sean los más difíciles pero coloco otro que quizás sea más interesante. Piense en este: ¿Cómo votarían los adecos de Lara si Henri Falcón fuese candidato? Ya pensando en Caracas y en la zona mirandina, ¿usted cree que no hay simpatizantes de Un Nuevo Tiempo que no podrían votar por Henrique Capriles?
Esto es quizás lo que no se está incluyendo en muchos de los análisis que se aprecian en los corrillos políticos. Cada vez que escucho a un “dirigente” decir que “tiene tantos votos”, no me gusta dudar de su palabra, pero lo que me provoca es preguntarle: ¿y tú no crees que tu adversario intentará restarte algunos de esos votos que tú consideras seguros?
Al ver un simples cruce en una encuesta entre la intención de voto declarada por un candidato y la militancia política de ese mismo elector, una puede inferir que estas migraciones ocurren y más a menudo de lo que muchos creen.
Repito, algunos parecen estar anclados en el pasado. El país es otro. Incluso el país que hace vida en los partidos.
Finalmente hay dos cosas que no pueden dejarse por fuera para poder tener una panorámica global de las primarias: ¿Cómo se comportará el llamado voto espontáneo? Y finalmente ¿Cuáles son las implicaciones de la realidad geográfica-electoral de los partidos de Oposición? ¿Cómo afectan las aspiraciones de cada candidato?
Factor #4 El voto partidista versus el “voto espontáneo”
Este cuarto elemento es una suerte de combinación entre el factor #2 (los sondeos de opinión) y el factor #3 (las maquinarias y la disciplina partidista). Me refiero a lo que se conoce como el “voto espontáneo”. Ya usted se estará preguntando: ¿Qué es eso? Pues son los votantes que no están alineados con ninguna organización partidista –ya adelanté una cifra de cuántos podrían ser: 1,6 millones– y que definitivamente concurrirán a las urnas en febrero próximo.
En los comandos de campaña habrá esfuerzos tremendos por asegurar la mayor cantidad posible de “votos duros” a su favor y con toda seguridad, una enorme cantidad de esos “votos” corresponderán a personas que están inscritas en partidos o han sido detectados como simpatizantes de los mismos. No obstante, aquellos opositores no alineados con partido alguno siempre serán una duda. ¿Cómo terminarán votando? ¿Por quién? ¿Qué factores influirán en su decisión final? Pues la primera gran respuesta es que la imagen de los candidatos tendrá un peso muy considerable y es acá dónde los “cálculos partidistas” comienzan a derrumbarse, o al menos a desdibujarse. Adicionalmente entrará en juego el segundo elemento que está íntimamente ligado a las encuestas: ¿Cuántos de estos electores “no alineados” finalmente irán a votar?
Hay muchos métodos para estimar la participación electoral en una elección con base en sondeos, pero como adelanté en el segundo episodio, estas primarias serán un reto para las encuestadoras: No hay una cultura de estas consultas en Venezuela y por lo tanto, no hay mucha base histórica para que los cálculos tengan una base sólida, salvo la propia declaración del encuestado en la entrevista. Como es costumbre, las empresas investigadoras suelen preguntar si la persona tiene la edad para votar, si está inscrita en el registro, si tiene cédula de identidad laminada, si participará en el proceso electoral y finalmente se le inquiere cuán segura está de participar o no. Se emplean varias escalas, pero hay una que es la más usada.
En esta escala, las categorías de respuesta son: Definitivamente no votaré / Probablemente no votaré / Probablemente sí votaré / Definitivamente sí votaré. Acá es donde está el desafío: algunos analistas tienen como costumbre sólo tomar como electores probables a los que dicen “Definitivamente sí votaré” y a partir de allí hacen sus cálculos y proyecciones. Otros, toman a todos los “definitivamente sí votaré” y lo combinan con un porcentaje de los “Probablemente sí votaré”. Así es cómo hacen los pronósticos.
Hay elecciones en las que tomando sólo a los que responden “definitivamente votaré” se tiene un cálculo muy preciso. En otras elecciones la participación es mayor, pues aquellos que declaraban que “probablemente votarían”, finalmente decidieron concurrir. ¿Cómo funcionarán las cosas en esta oportunidad? Eso dependerá del clima de movilización que se genere.
Si la elección logra un clima de movilización muy bueno, es muy probable que la mayoría de los opositores –alineados partidistamente o no– salgan a votar, aunque eso es sólo una presunción. De ser extraordinario el clima, hasta un buen número de votantes políticamente no alineados con la oposición puedan entusiasmarse. Allí los cálculos partidistas se hacen todavía más frágiles y más volátiles.
También habrá que ver cómo funcionará –de ser el caso– el “miedo” a ser identificado. Si la oposición no logra construir una convocatoria que despeje esos temores, entonces sólo los más “aguerridos” serán los que participen y allí seguramente la militancia tenga un rol más preponderante. Algunos pensarán que por intereses particulares, los partidos querrán jugar este juego. No lo sé, pero analíticamente no puedo cerrarme a esta posibilidad. Es más, estoy seguro que en la decisión final sobre la fecha de las primarias (febrero), jugo también un gran componente de cálculo partidista. Sin embargo, si esa es la estrategia de algunos, me permito decirles que no deberían cantar victoria anticipadamente. Hay experiencias que demuestran que la demanda de participación de los venezolanos puede derrumbar esos esquemas.
El mejor ejemplo es el propio 25 de abril de 2010 (hoy se cumple exactamente un año). El proceso no fue respaldado comunicacionalmente como se debía por la MUD, de hecho, la estrategia dominante era usar el acuerdo político. Tanto así, que hubo apenas 14 circuitos en los que se convocó a primarias. Se hizo poca publicidad sobre la consulta aduciendo escasez de recursos. Muchos no sabían en qué circuito habría escogencia, muchos no sabían en qué fecha se celebrarían. Sin embargo, las encuestas registraban una intención de participar muy alta: algunas llegaron a decir que por ejemplo en el circuito 2 del Estado Miranda (municipios Chacao, Baruta, El Hatillo y la parroquia Leoncio Martínez del municipio Sucre) habría una participación de 70%. Eso no fue lo que ocurrió allí, pero en el cálculo de muchos “políticos expertos” la participación “no excedería al 10%”. En varios sitios para sorpresa de muchos, la participación fue mucho mayor. En el famoso circuito 2 se llegó a un 20% del total de los electores.
Acá funcionó el voto espontáneo. Ni los políticos, ni los partidos, ni las encuestas lograron detectarlo. Ahora con toda la atención y foco comunicacional que hay sobre el tema, cuesta pensar que muchos no participarán. Lo que no sabemos es cuántos de ellos serán espontáneos y qué sorpresas podrían producirse. Veremos. Por lo pronto, es obvio que habrá un esfuerzo de movilización de los partidos con sus militantes y eso tampoco puede soslayarse. No puede decirse que es definitorio, pero necesariamente hay que contabilizarlo.
Sin embargo, la distribución de los votos de los partidos de oposición tiene un fuerte componente geográfico que puede inclinar la balanza hacia un lado u otro, dependiendo de las alianzas que seguramente ocurrirán durante todo este año. Esta dinámica no puede dejarse por fuera de la “aritmética opositora”
Factor #5 El Rompecabezas Opositor
En un artículo de 2010 señalé que una de las lecciones del 26-S era que la oposición era un “rompecabezas regional, donde todas las piezas son complementarias”. Lo que quise decir es que no se puede entender a los principales partidos que conforman la MUD –salvo algunas excepciones– como realidades nacionales. Por el contrario, la oposición se basa en una alianza donde los factores se complementan: los votos de COPEI del Táchira se suman a los de UNT del Zulia y a los de Primero Justicia en Miranda. Proyecto Venezuela es una realidad clara y dominante en Carabobo, pero sólo ahí. Convergencia en Yaracuy. La suma de todas las partes y la alianza perfecta que se celebró es lo que brindó el resultado satisfactorio –en términos de votos– en 2010.
Recordemos que el 64% de los votos de Un Nuevo Tiempo están concentrados en el Estado Zulia, en el caso de Primero Justicia el 62% de sus votos están concentrados en el Distrito Capital, Miranda y Aragua, COPEI le debe 1 de cada 4 votos obtenidos al Táchira, Proyecto Venezuela concentra dos tercios de su caudal en Carabobo. Podemos y Causa R también tienen sus nichos geográficos muy bien definidos. Sólo AD se escapa de esta morfología y distribuye sus votos nacionalmente, siendo la primera fuerza opositora en entidades rurales como Cojedes, Apure y Portuguesa. Su mejor performance lo obtiene en el Estado Anzoátegui.
Lo que ayer (2010) fue una situación de de complementariedad, hoy es de fragmentación. Los partidos (o bloques de partidos) están en competencia unos con otros y esa “suma” de bloques regionales puede ser muy distinta a la realidad parlamentaria. Las alianzas partidistas dictarán la pauta en este sentido.
La pregunta lógica es: ¿Quién tiene la mayor esfuerza en las alianzas hasta ahora conocidas? Por lo pronto, si asumiéramos que los partidos mantuviesen su caudal y sus bastiones como en 2010, el bloque socialdemócrata parte con ventaja no sólo por la sumatoria de votos sino por la capacidad organizativa de Acción Democrática a nivel nacional. Pero repito, esto es hasta ahora algo sólo teórico y parcial. Pensando un caso como Anzoátegui, –un estado de excepcional importancia por el número de votos que aporta a la elección presidencial– no hay duda que Acción Democrática cuenta con una fuerza importante para lograr que un abanderado de esta alianza tenga una buena figuración, pero ¿qué pasaría si Primero Justicia concretase una alianza con el denominado “Bloque Progresista? (Podemos, MAS, PPT, etc.). Si se hace un análisis del 26-S-2010 uno podría decir –en clave partidista– que en el mejor de los casos habría una competencia muy reñida: PJ obtuvo una gran figuración en la zona norte (metropolitana) de la entidad y Podemos (básicamente por su figura regional Ernesto Paraqueima) tiene un caudal considerable en el Sur (sobre todo en la Ciudad de El Tigre, enclave de la tolda vinotinto).
Note por un momento que en este hipotético cálculo ni siquiera entré a considerar el peso y la dinámica candidatural a nivel regional: cada partido tiene su aspirante y cada uno de ellos tiene un buen chance. ¿Cómo juegan las candidaturas presidenciales con respecto a esto? De nuevo la palabra clave serán las alianzas.
¿Serán estas las alianzas? ¿Cómo votaría la capital y las entidades del Centro? El rompecabezas puede armarse de un modo u otro. Por estos días, el secretario general de Acción Democrática Henry Ramos Allup ha asomado la tesis que el Bloque Socialdemócrata podría unirse al Polo Humanista (COPEI, PROVEN, Convergencia). En esencia, este cálculo de ser correcto, apunta a que un abanderado de esta alianza dominaría –al menos desde la perspectiva de las maquinarias– a regiones como Zulia, Táchira, Carabobo, Mérida, Yaracuy, Falcón, Guárico, Nueva Esparta, Cojedes y Monagas, que al sumarse con la votación obtenida en las otras entidades inclinaría la balanza a su favor de manera determinante. ¿Es posible esto? Al menos ése es la maquinación y la misma intenta aislar electoralmente al candidato de Primero Justicia, Capriles Radonsky. ¿Esta aritmética es correcta?
Tiendo a pensar que es parcial. No quiero minimizar las virtudes organizativas de los partidos y el peso político de los gobernadores y sus aparatos en la contienda primaria, pero decretar un triunfo simplemente por una alianza y una suma de factores regionales, al menos a mí me parece un tanto apresurado. Ahora bien, si este “Polo” o “Alianza” tiene un buen candidato, que cuenta con una buena figuración en los sondeos, que arrastra y moviliza a electores no alineados, que pueda mostrar una visión de país realmente inspiradora, entonces la aritmética cambia.
No creo que sumar votos, siglas y colores automáticamente sea lo mejor. Finalmente el candidato que logré salir como el más votado en la primaria presidencial, será aquel que logre mezclar exitosamente todos y cada uno de estos factores. Necesario es lograr un balance de todos los componentes que acá he mencionado en estas cuatro entregas.
No sólo se trata de tener la mejor imagen, sino también de contar con una buena organización en todo el país. No sólo se trata de contar con la mayor cantidad de partidos, sino de tener el mejor mensaje. No sólo se trata de encabezar los sondeos, sino de movilizar a esos electores a las urnas. No es sólo asegurar la mayor cantidad de votos duros militantes, sino de cautivar el corazón de los ciudadanos que hoy no se encuadran en ningún partido.
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