Sistemas que Suman o Restan

Venezuela siempre ha sido caracterizada en las páginas de muchos estudios académicos por ser un país que históricamente ha sido proclive a incluir al mayor número de voces en su sistema político. Eso, es parcialmente cierto. Lo que politológicamente se conoce como la fundación del “sistema populista de conciliación de élites”, dibujado y llevado a la práctica en el muy denostado “Pacto de Punto Fijo” desde sus mismos comienzos optó por excluir a los actores de la extrema izquierda.

La consecuencia directa de esta decisión en el corto plazo fue la creación inmediata de actores desleales que insurgieron por la vía armada. Al cabo de 10 años después de iniciada la etapa democrática y luego de la derrota política y militar de la guerrilla, fue cuando en nuestro país se comenzó a hablar de pacificación. Sólo más adelante, fue cuando el propio sistema procuró sumar.

El diseño institucional venezolano de entonces permitió incorporar a muchos de estas voces disidentes dentro de su propio seno. La mayoría de quienes antes conspiraban desde los campamentos guerrilleros, progresivamente comenzaron a formar parte de la vida parlamentaria venezolana. El sistema funcionó y sumó: los incluyó. Los diputados adicionales por cociente muchas veces fueron escaños detentados por antiguos enemigos del status quo. Hubo quienes ganaron su libertad siendo elegidos como diputados por cociente adquiriendo inmunidad.

A pesar de sus techos electorales históricos, la izquierda aguardó pacientemente y aún sin mayor representación y poder en las instituciones, el sistema volvió de alguna manera a funcionar: alguien que venía fuera del propio entramado político y que incluso llegó a atentar contra el mismo, tuvo la oportunidad de materializar su mayoría electoral alzándose con la Presidencia de la República.

No obstante, los diseños institucionales desde ese entonces han procurado prácticamente lo contrario: restar y excluir. Asumiendo formas electorales plebiscitarias, muchas voces no han gozado de una representación que legítimamente les corresponde. Para muestra sólo un botón: en 1999 a la hora de discutir lo que hoy es nuestra Carta Magna vigente, un 35% del país obtuvo solamente un 5% de representación en la Asamblea Nacional Constituyente.

Aún peor es el conocido resultado de la actual composición de nuestro parlamento: un sector del país logró hacerse con la mayoría de los votos y tuvo que conformarse con menos de la mitad de los escaños que hoy la confina prácticamente al rol de espectador. El sistema funcionó otra vez, pero en esta oportunidad para hacer exactamente lo contrario: excluir.

Quienes hoy detentan el poder, tiene como una de sus marcas registradas la inclusión. Lo cierto es que una cosa es ser mayoría y otra es excluir a millones que se oponen prácticamente dejándolos sin espacios. Los sistemas políticos que restan terminan por lo general siendo inestables. A la larga, las sustracciones producirán su resquebrajamiento.

Add a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>